Este
último tiempo ha sido más que requerido el tema de la discriminación de las
“nanas”, simplemente porque una se atrevió a denunciar un abuso discriminatorio
sufrido en el Club de Golf Brisas de Chicureo, en donde se le exigía a usar
uniforme para diferenciarse del resto de las personas. De ahí en adelante,
todas las asesoras del hogar que han sufrido algún tipo de discriminación han
sacado la voz para luchar por sus derechos, o simplemente pedir un trato digno,
ya que detrás de esa humilde persona que limpia y ordena el desastre de otras,
existe un ser humano que debe ser respetado.
De
acuerdo con la encuesta de Caracterización Socioeconómico Nacional (Casen) del
2009, en Chile existen 320 mil trabajadores que se dedican en forma continua,
sea a jornada completa o parcial, al servicio de una familia o de una o más
personas, en trabajos de aseo o de asistencia propios del hogar (nanas,
chóferes, jardineros, mayordomos). Este tipo de empleo es que tiene el 14% de
las mujeres trabajadoras chilenas y el 70% de las mujeres trabajadoras
provenientes del Perú. La gran mayoría de las trabajadoras de casa particular
lo hace puertas afuera, en un 82%, de las cuales sólo el 38% tiene contrato,
para el caso del trabajo puertas adentro el 68% de las mujeres tiene contrato.
La
situación de las asesoras del hogar ha estado marcada siempre por los abusos y
la discriminación. Pero esta situación debía cambiar y así se ha hecho; las
trabajadoras han adquirido conciencia, cuestionando poco a poco lo impuesto por
los patrones, y se han organizado. Desde marzo del 2012 las asesoras del hogar
deben recibir el ingreso mínimo mensual, deben contar con contratos de trabajo,
fuero maternal, días feriados libres, pago de cotizaciones e indemnización en
caso de despido o renuncia. Ganancias de una lucha que debe seguir, ya que aun hay
problemas: a muchas no se les hacen contratos de trabajo, los empleadores pagan
cotizaciones menores en relación a los sueldos, existen maltratos físicos y
psicológicos y horas extras impagas.
Las
mal llamadas “nanas” forman parte de una triste herencia de cientos, y quizás
miles de años de servidumbre de los sectores populares, que, por necesidad, se
ven obligados a convertirse en sirvientes (y hasta hace no mucho en esclavos)
de los sectores privilegiados de la sociedad.
Si
la sociedad más acomodada de este país necesita del servicio de estas personas,
para ya sea hacer el almuerzo, lavar la ropa, limpiar los muebles, hacer el
aseo, lavar la loza, pasar la aspiradora, encerar, limpiar la mugre del baño,
entre tantas otras tareas que no pueden ser realizadas por la Señora de la
casa, mínimo se exige un respeto, no por hacer las cosas mencionadas son menos
personas que los “patrones”, incluso podemos decir que algunas de esas personas
esforzadas son mucho más valiosas que aquellas que sólo se dedican a ningunear,
y no nos referimos a un valor en números, sino de alma y espíritu. Despreciar y
faltar el respeto tan sólo por el hecho de ser económicamente superior es algo
que debemos extirpar definitivamente de nuestra sociedad.
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