viernes, 20 de enero de 2012

Una vida de Mentira


Los cambios que ha sufrido la cultura de consumo nos afirman que las sociedades contemporáneas se mueven en direcciones «posmodernas». En la idea de que la sociedad misma es en cierto sentido posmoderna está implícito un argumento sobre la prioridad y necesidad del consumo como determinante de la vida cotidiana.

El que queramos consumir ciertos productos, muchas veces se torna en algo que sólo sirve para querer aparentar algo que no somos, pero a vista de los otros, nos hace interesantes y nos hace subir nuestro status, esto se transforma en algo emocional de la persona, sentirse bien con algo que no es, con respecto a esto Mike Featherstone dice: “La cuestión de los placeres emocionales del consumo, los sueños y deseos celebrados en la imaginería de la cultura consumista y en determinados lugares de consumo, que suscitan de distintas maneras una excitación corporal directa y placeres estéticos”.

Los sujetos maximizan su “excitación” y placeres estéticos mediante el consumo de bienes, bienes que a menudo suelen ser banales y que van más allá de la necesidad, y tienen más que ver con el ocio, por ejemplo muchas personas compran refrigeradores, autos, cámaras fotográficas, consolas de videojuegos, cremas para el cuerpo, cosas que satisfacen el momento pero que en proporción con el sueldo que reciben algunas personas se transforma en una deuda impagable. Sólo por el hecho de querer tener más y más, ganar un prestigio, ser reconocido socialmente, o a veces es simplemente por querer obtener reconocimiento o cariño por parte de otra persona. Hoy podemos ver que en la publicidad se induce a comprar, mientras más compras, mientras más grande y caro es el producto, más quieres a esa persona a la cual se lo vas a regalar y viceversa, esa persona más te va a querer. El mercado juega con las emociones de las personas hasta ya no poder más, no les interesa se te hundes en una deuda de la cual jamás podrás salir, en donde el significado de la vida cambiará para siempre, donde el único fin de vivir será trabajar para pagar las deudas.

Lo que hoy se nos está implantando, este nuevo sistema de consumo, es lo que habla Featherstone, consumo de sueños, imágenes, placeres, donde todo esto es sólo un imaginario social, donde todos debemos ser como quieren que seamos para poder ser “vistos” o tomados en cuenta, ya no sólo vasta con tener un título profesional y buscar un trabajo, hoy es más importante la imagen para optar a un puesto de trabajo, una imagen que implantan los medios de comunicación mediante la publicidad.

La publicidad de los medios de comunicación masivos y la dinámica del mercado son fundamentales en este proceso de consumo, los cuales nos llevan a una búsqueda constante de nuevas modas, nuevos estilos, nuevas sensaciones y experiencias. Esta cultura de consumo complementa una de las paradojas que nos decía que las personas ahora idealizan  mas a un modelo televisivo que a un científico, lo mismo ocurre en materia de consumo ya que las personas adquieren mas fácil un bien mundano (vestimenta, alimentos, bebidas actividades de ocio) que un bien cultural elevado (arte, novelas, opera, filosofía).

Así es como muchas personas viven del consumismo para querer ser lo que los medios nos dicen que seamos, los que las propagandas nos dicen que hay que vestir y comprar. Así es como la mayoría en este país lleva una vida de mentira.

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